Venezuela no es liberal
Es un Estado fallido con baja recaudación
En los últimos días se ha repetido una idea tan provocadora como equivocada: Venezuela sería, en el fondo, un paraíso liberal porque su presión fiscal es baja. El argumento suele presentarse como un golpe de ingenio frente al consenso socialdemócrata: si el Estado recauda poco, la libertad económica florece. El problema es que esa conclusión descansa sobre una lectura superficial —y en parte errónea— de los datos, y sobre una concepción extremadamente reducida de lo que significa vivir en una sociedad libre.
Para empezar, incluso aceptando el dato, la presión fiscal es una ratio frágil. Recaudación sobre PIB dice tan poco como salario medio sobre felicidad.1 En el caso venezolano, además, el denominador está contaminado: el PIB se calcula en un contexto de controles de precios, tipos de cambio múltiples y una economía informal gigantesca. Un PIB probablemente sobrestimado reduce artificialmente la presión fiscal. Pero incluso dejando esto de lado, identificar libertad con “pocos impuestos” es confundir un instrumento con el fin.
La libertad —también para los liberales— no es unívoca. No es sólo cuánto se paga a Hacienda, sino si se puede conservar lo ganado, contratar libremente, invertir sin miedo a la expropiación, expresarse sin represalias o asociarse sin permiso del poder. Precisamente para evitar estas simplificaciones existe el Human Freedom Index, elaborado conjuntamente por el Cato Institute y el Fraser Institute, el intento más ambicioso de medir la libertad como un fenómeno integral, combinando dimensiones económicas y personales.
Los resultados para Venezuela son demoledores. En la edición más reciente, el país ocupa el puesto 159 de 165 en libertad humana. No es un matiz: es el furgón de cola mundial. En libertad económica, Venezuela es directamente el último clasificado. Y no porque recaude mucho, sino porque falla en casi todo lo demás: ausencia de seguridad jurídica, inexistencia de derechos de propiedad efectivos, colapso monetario, controles de capital, mercados negros de divisas y una interferencia política permanente en la actividad económica.
La foto en libertades personales no es mucho mejor. Restricciones severas a la libertad de expresión, persecución de la prensa, represión de la sociedad civil e inseguridad física sitúan a Venezuela en niveles propios de regímenes abiertamente autoritarios. Que en ese contexto el Estado no logre recaudar más no es una virtud liberal: es la consecuencia de un Estado fallido que ha destruido su base productiva.
El índice muestra algo que el debate fiscal suele olvidar: la libertad no es sólo ausencia de impuestos, sino ausencia de coerción arbitraria. Un país puede tener impuestos moderados y ser profundamente iliberal si el poder político decide quién puede producir, comerciar o simplemente hablar. Y también puede tener una presión fiscal elevada y, aun así, ofrecer altos niveles de libertad si existen contrapesos institucionales, Estado de derecho y garantías individuales.
Defender a Venezuela como “modelo liberal” por su baja presión fiscal no sólo es conceptualmente pobre; es moralmente ciego. La verdadera pregunta no es cuánto recauda el Estado, sino si los individuos pueden planificar su vida sin miedo a que el poder político les cambie las reglas, les confisque el fruto de su trabajo o les silencie. A la luz de cualquier métrica seria de libertad, Venezuela no es un paraíso liberal: es, precisamente, el ejemplo de lo contrario.
Te recomiendo que le eches un vistazo a esta lectura: https://www.funcas.es/wp-content/uploads/2020/10/Nota-técnica_Presión-fiscal.pdf

