¿Más mercado, más desigualdad? No tan rápido
El debate sobre desigualdad suele moverse entre dos polos: quienes sostienen que el crecimiento de mercado beneficia a todos y quienes creen que inevitablemente concentra la riqueza. El paper de Justin T. Callais y Andrew T. Young introduce evidencia empírica de gran interés en esta discusión y, sobre todo, lo hace con una estrategia metodológica diseñada para superar algunos de los problemas clásicos de esta literatura.
La pregunta de fondo es directa: ¿el aumento en la libertad económica eleva los ingresos de toda la población o favorecen principalmente a los más ricos? Durante años, la investigación empírica ha ofrecido respuestas contradictorias. En parte, porque muchos trabajos descansaban en regresiones tradicionales expuestas a endogeneidad, causalidad inversa o sesgos de selección. Este estudio intenta avanzar un paso más hacia la identificación causal.
Más allá de la correlación: una estrategia empírica más exigente
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es su diseño metodológico. Los autores analizan más de un centenar de países a lo largo de varias décadas y utilizan un enfoque de matching, cada vez más habitual en la econometría aplicada cuando se pretende aproximar efectos causales sin recurrir a experimentos.
La lógica es relativamente sencilla: comparar países que experimentan grandes aumentos sostenidos de libertad económica con otros que, siendo muy similares en variables relevantes —nivel de renta, capital humano, estructura demográfica o situación política—, no los experimentan. De este modo se construye un contrafactual plausible.
El objetivo no es observar qué países son más desiguales, sino qué sucede cuando un mismo tipo de país reforma sus instituciones. Ese matiz es crucial.
Además, el estudio no se limita a un único indicador. Examina participaciones de renta por deciles, niveles de ingreso y coeficientes de Gini, lo que permite obtener una imagen mucho más rica de la distribución.
El hallazgo central: el crecimiento alcanza a toda la distribución
El resultado más robusto del paper es también el más difícil de encajar en ciertos relatos simplificados: los aumentos significativos de libertad económica elevan los ingresos en todos los tramos de renta.
Las estimaciones muestran efectos positivos y estadísticamente sólidos para cada decil. No se trata de mejoras marginales. En algunos casos, los ingresos del decil más bajo crecen a ritmos claramente superiores a la media histórica, lo que sugiere que las reformas no solo expanden el tamaño de la economía, sino que también mejoran la posición material de los hogares más vulnerables.
Más interesante aún es que las diferencias entre deciles no son estadísticamente concluyentes. Es decir, aunque pueda parecer que algunos grupos crecen algo más rápido, la evidencia no permite afirmar que exista un sesgo estructural en favor de los más ricos.
La imagen que emerge es la de un crecimiento ampliamente compartido.
El matiz inevitable: desigualdad ligeramente mayor
Ahora bien, que todos ganen no implica que todos ganen exactamente lo mismo. Cuando el análisis se traslada a los coeficientes de Gini aparece un resultado relevante: la libertad económica puede asociarse a incrementos en la desigualdad.
Sin embargo, aquí conviene detenerse en la magnitud. Los efectos estimados son pequeños en comparación con las diferencias estructurales de desigualdad entre países. En términos prácticos, el aumento existe, pero difícilmente puede calificarse de transformador.
Esta combinación —fuerte crecimiento de ingresos junto con aumentos modestos del Gini— obliga a replantear el marco habitual del debate. No estamos necesariamente ante un dilema entre prosperidad y equidad, sino ante un fenómeno más matizado en el que el progreso general convive con cierta dispersión relativa.
Qué ocurre dentro de la estructura de ingresos
Los resultados sobre participaciones de renta son menos concluyentes. Apenas aparecen cambios estadísticamente significativos y, cuando lo hacen, suelen concentrarse en los deciles medio-altos.
En algunos ejercicios de robustez se detecta una ligera ganancia de peso en la parte superior de la distribución, coherente con el aumento moderado del Gini. Pero el mensaje de fondo permanece intacto: la expansión de ingresos es generalizada, aunque no perfectamente uniforme.
Este punto es clave porque recuerda algo que a menudo se olvida en el debate público: la desigualdad puede aumentar incluso cuando todos los grupos mejoran su situación absoluta.
Instituciones que importan —pero no todas igual
El análisis desagregado del índice aporta otra lección interesante: no todas las reformas institucionales tienen el mismo impacto.
Las mejoras en estabilidad monetaria destacan por su efecto transversal, probablemente porque reducen la inflación, un fenómeno que suele castigar con mayor intensidad a los hogares de menor renta. El fortalecimiento del sistema legal y de los derechos de propiedad también aparece asociado a dinámicas distributivas relativamente favorables.
La apertura comercial, en cambio, ofrece un patrón más clásico: impulsa los ingresos agregados, pero puede favorecer algo más a los tramos altos, en línea con muchas predicciones teóricas sobre globalización y retornos del capital.
La conclusión es clara: el diseño de las instituciones importa tanto como su orientación general hacia el mercado.
Una advertencia contra los relatos binarios
Quizá la mayor aportación del paper no sea un coeficiente concreto, sino el marco interpretativo que sugiere. Durante décadas se ha tendido a presentar la libertad económica como un motor de crecimiento que inevitablemente amplía las brechas sociales —o, en el extremo opuesto, como una fuerza que beneficia automáticamente a todos por igual.
La evidencia apunta a un punto intermedio.
Las reformas que amplían la libertad económica parecen generar mejoras materiales generalizadas, incluso si introducen cierta dispersión relativa en los ingresos. Desde una perspectiva de bienestar, la pregunta relevante deja de ser si aumenta la desigualdad y pasa a ser otra: ¿prefiere una sociedad menor desigualdad con menor crecimiento, o mayor prosperidad acompañada de diferencias algo más amplias?
No es una cuestión técnica, sino profundamente normativa.
Repensar el debate sobre mercado e igualdad
En un entorno intelectual donde aún se plantea la eficiencia y la equidad como objetivos enfrentados, este trabajo introduce un recordatorio muy elocuente: la relación entre ambas es bastante más compleja de lo que sugieren los eslóganes.
El crecimiento asociado a instituciones económicas más abiertas no parece dejar atrás a los grupos de menor renta. Pero tampoco elimina por completo las diferencias.
Tal vez la verdadera lección sea que el progreso económico rara vez es perfectamente simétrico —y que exigirle esa simetría puede ser una forma de renunciar a él.

