La mochila austriaca no es el demonio
Lo que realmente propone la reforma laboral de Milei
La aprobación en el Senado argentino de la Ley de Modernización Laboral ha desatado una oleada de críticas que, en muchos casos, tienen más que ver con la caricatura que con el contenido real de la norma. Se ha dicho que elimina las indemnizaciones por despido, que instaura jornadas de doce horas y que precariza al trabajador. Conviene leer el texto antes de opinar.
Empecemos por la pieza más polémica: el Fondo de Cese Laboral, inspirado en lo que coloquialmente se conoce como mochila austriaca. El mecanismo consiste en que la empresa deposita mensualmente una cantidad en una cuenta a nombre del trabajador. Ese dinero es propiedad del trabajador desde el primer día, lo acompaña si cambia de empleo y puede retirarlo en caso de despido, renuncia o jubilación. La reforma argentina no elimina la indemnización clásica de un mes por año trabajado: la mantiene como opción por defecto y abre la puerta, mediante negociación colectiva o individual, a sustituirla por el nuevo fondo. Es decir, es una alternativa voluntaria, no una imposición.
Austria implementó este sistema en 2003. Antes de la reforma, solo los trabajadores despedidos con más de tres años de antigüedad en la misma empresa tenían derecho a indemnización, y perdían todo si se marchaban voluntariamente. El nuevo modelo, con una cotización empresarial del 1,53% del salario bruto, amplió la cobertura al cien por cien de los trabajadores desde el primer día de contrato.
Austria lleva más de veinte años con este sistema y no parece haberse convertido en un infierno laboral: su tasa de desempleo ha fluctuado entre el 4% y el 6% en las últimas dos décadas, con una temporalidad en torno al 9%, muy por debajo de la media europea. Un estudio de Hofer, Schuh y Walch (2011) encontró un efecto positivo y significativo sobre la movilidad laboral, con un aumento de 0,8 puntos porcentuales en la probabilidad de cambio de empleo voluntario. Kerndler y Reiter (2017), utilizando un diseño de regresión discontinua, confirmaron un incremento sustancial de la movilidad laboral como respuesta a la reforma. En España, Brogueira de Sousa, Díaz-Saavedra y Marimon (2022) simularon la introducción de una mochila austriaca y encontraron ganancias netas de bienestar al reducir la dualidad entre contratos temporales e indefinidos.
¿Y qué pasa con Argentina? El país tiene una tasa de informalidad laboral que ronda el 43%. Esto significa que cuatro de cada diez trabajadores operan sin cotización, sin protección efectiva y al margen de los convenios colectivos que los sindicatos dicen defender. La rigidez del sistema vigente, con elevados costes de despido, inseguridad jurídica y una litigiosidad desbordada, no ha evitado la precariedad: la ha desplazado hacia la economía sumergida. Para un trabajador informal, la indemnización por despido es una promesa vacía.
Resulta ilustrativo comparar la reforma con la legislación española, desde la cual se han lanzado muchas de las críticas. En España, el salario en especie puede alcanzar hasta el 30% de la retribución total (artículo 26 del Estatuto de los Trabajadores); la reforma argentina lo limita al 20%. La redistribución horaria dentro de la jornada anual ya existe en la normativa española y en la de la mayoría de países de la UE. Y la propia mochila austriaca ha sido propuesta recurrentemente en España por instituciones como el Banco de España, FEDEA, la Comisión Europea e incluso fue incluida en la reforma laboral de 2010 del gobierno de Zapatero, aunque nunca llegó a implementarse. Es paradójico que se presente como una medida radical lo que en el debate europeo ha sido una propuesta transversal asociada a la modernización del mercado laboral.
El debate legítimo sobre la reforma de Milei existe, y tiene aristas reales: la posible pérdida de poder negociador sindical, el riesgo de que el fraccionamiento del pago de indemnizaciones erosione su valor real en un contexto inflacionario, o la necesidad de un marco regulatorio sólido para la gestión de los fondos. Pero ese debate exige partir del texto legal, no de muñecos de paja. La mochila austriaca no elimina derechos: los transforma en propiedad efectiva del trabajador. Y en un país donde casi la mitad de la fuerza laboral carece de cualquier protección formal, insistir en que el problema es la reforma y no el sistema que ha producido esa informalidad es, como mínimo, un ejercicio de miopía.

